El dilema sobre el aborto cada vez toma mas importancia en todos los estratos sociales.
Si bien en un tiempo era un tema tabú, hoy ya pasó a ser un tema que se conversa en cualquier lugar o reunión.
Hay muchas personas en el mundo que están a favor del aborto, por muchas cuestiones, pero sobre todo, porque opinan que la mujer debe preservar sus derechos sobre su cuerpo físico, su mente y su destino.
Si lo miramos desde el punto netamente físico y terrenal, podríamos estar de acuerdo, pero ¿ que sucede cuando lo enfocamos desde el punto de vista moral, ético o religioso ?
Mi opinión personal ha ido modificándose con el tiempo.
Cuando era muy jovencita estaba de acuerdo en que el aborto no debía estar penado por la ley y que la mujer que estaba pasando por una situación limite podía ejercer el derecho a elegir sobre su vida.
A medida que fui creciendo, viviendo y estudiando sobre espiritualidad, se amplió mi consciencia y pude comprender lo que significa un aborto.
Un aborto es tirar por la borda un montón de compromisos que hemos firmado antes de volver a la tierra.
Si bien lo seres humanos, no gozamos de un libre albedrío total, pues tenemos karma que saldar, aprendizajes que realizar y compromisos que hemos adquirido, mientras esperábamos volver a este plano, hay circunstancias en las que una decisión nuestra puede ser determinante para nosotros y nuestro entorno en el plano físico, que también y con la misma fuerza, puede afectar a las almas que están en otro plano, pero que siempre están inter-relacionadas con nosotros, aunque no seamos conscientes de ello.
Un alma antes de encarnar elige a sus padres. En general el karma entre las partes es bastante pesado, pero también existen las encarnaciones que se eligen para devolver amor o para compartir aprendizajes o una vida plena de momentos felices y compartidos.
Un aborto tira por la borda con todos esos compromisos y con todo el trabajo realizado por los seres de Luz encargados de trabajar en planes de futuras vidas. El tema es complejo.
Hay que elegir a los padres que coincidan con nuestra evolución y nuestro destino, a saber, raza, nacionalidad, cultura, idiosincracia etc, pero lo mas importante el karma o la deuda que tenemos con los mismos. Al abortar se pierde no solo una posible encarnación, sino también, todo el trabajo previamente realizado para que esa encarnación sea posible. Hay muchos seres que desean volver al plano físico para seguir evolucionando y pocos padres, en relación, que quieran prestarse para ello, ya que es sabido, que a mayor progreso menos nacimientos. Muchas parejas eligen, hoy en día, no desarrollar la paternidad, ya que eligen la libertad de no tener ataduras y complicaciones con criaturas para poder moverse por el mundo con mayores posibilidades.
La visión budista sobre el tema
por Javier Akerman : naturopata, Lic. Medicina Tradicional china, Presbítero de la Comunión Anglicana, Maestro de Yoga Tibetano y Meditación.
Los budistas generalmente son reacios a intervenir en la
decisión personal de una mujer a interrumpir su embarazo. El budismo, sin
embargo, desaconseja el aborto pero también desalienta la rígida imposición de
los absolutos morales. Esto puede parecer contradictorio. En nuestra cultura,
muchos piensan que si algo es moralmente incorrecto debería ser prohibido, pero
el criterio budista es que el seguimiento rígido de las normas no es lo que nos
convierte en “seres morales” ¿Y dónde quedan en el budismo los derechos
humanos? En primer lugar, la visión budista del aborto no incluye un “concepto
de derechos”, ya sea un “derecho a la vida” o un “derecho al propio cuerpo”. En
parte, esto se debe a que el budismo es una religión muy antigua, y el concepto
de los derechos humanos es relativamente reciente.
El budismo dice que la vida “no tiene un comienzo”. Los
científicos nos dicen que la vida llegó a este planeta, de alguna manera, hace
alrededor de cuatro mil millones de años y desde entonces la vida se ha expresado
en diversas formas. Pero nadie ha observado el “principio”. Nosotros, los seres
vivos, somos manifestaciones de un proceso ininterrumpido que ha estado
ocurriendo durante cuatro mil millones de años, (según nuestro conocimiento
actual y temporal). Por eso preguntar ¿cuándo empieza la vida? es una pregunta
sin sentido.
Usted podría preguntarse, ¿qué pasa con el alma individual?
Una de las preguntas más esenciales y más difíciles de las enseñanzas budistas
es anatman o anatta – “sin alma”. El budismo enseña que nuestros cuerpos
físicos no están poseídos de un “yo intrínseco”, y que nuestra sensación
persistente de nosotros mismos como algo separado del resto del universo es una
ilusión. Pero esta no es una enseñanza nihilista. El Buda enseñó que si podemos
ver a través de la ilusión del pequeño yo individual, nos damos cuenta de un
inmenso “yo” que no está sujeto al nacimiento y la muerte.
¿Qué es el yo?
Nuestros juicios sobre las cuestiones diarias dependen en
gran medida la forma en que conceptualizamos. En la cultura occidental
observamos a los individuos como “unidades autónomas”. La mayoría de las
religiones enseñan que estas unidades autónomas” que están dotadas de un alma.
Ya he mencionado la doctrina de la anatman. Según esta doctrina, lo que consideramos
como nuestro “yo” es una creación temporal de las skandhas. Las skandhas son
atributos o forma: los sentidos, la cognición, la discriminación, la
conciencia… que se unen para crear un distintivo, ser vivo. Como no hay alma
que tiene que transmigrar de un cuerpo a otro, no hay “reencarnación” en el
sentido usual de la palabra. El renacimiento se produce cuando el karma creado
por una vida pasada se traslada a otra vida. La mayoría de las escuelas de
budismo enseñan que la concepción es el inicio del proceso de renacimiento y
que, por tanto, marca el comienzo de la vida de un ser humano.
El Primer Precepto Budista:
El primer precepto de budismo a menudo se traduce como “Me
comprometo a abstenerme de destruir la vida”. Algunas escuelas de budismo hacer
una distinción entre la vida animal y vegetal, y otras no. Aunque la vida
humana es más importante (¿para quién?) nos advierte del precepto de
abstenernos de tomar la vida en cualquiera de sus innumerables manifestaciones.
Desde esta perspectiva no hay duda de que la interrupción de
un embarazo es un asunto sumamente grave, pero no como “precepto humano” sino
como una acción extensiva a la conciencia del que lo hace. Sin embargo ninguna
escuela de budismo absolutamente lo prohíbe desde un punto de vista “moral”.
El budismo nos enseña a no imponer nuestras opiniones sobre
los demás y a sentir compasión por aquellos que se enfrentan situaciones
difíciles. Aunque algunos países predominantemente budistas, como Tailandia,
imponen restricciones legales sobre el aborto, muchos budistas no creen que el
Estado deba intervenir en asuntos de conciencia, moral o religión.
Entonces, ¿en qué quedamos?
El egoísmo, el deseo y el sufrimiento que puede crear el
acto de abortar marca la diferencia entre “prohibir moralmente” y “evitar el
sufrimiento y las consecuencias de nuestros actos en cuanto a seres libres”.
Somos responsables de nuestros actos y de las consecuencias de los mismos, por
eso debemos meditar acerca de nuestras intenciones antes que ceder a nuestros
impulsos o deseos, no porque un “dios” pueda “castigarnos” sino porque lo que
yo hago no está libre de interacciones con el resto de los seres y con la misma
historia que me voy forjando. Somos responsables de nuestros actos. Meditemos
sobre ello.
Como sacerdote ortodoxo nunca podré aceptar el aborto y como
instructor de filosofía budista tampoco, aunque entre ambas disyuntivas puede
existir una respuesta común, no exenta de polémica, lo sé, pero a la que he
llegado de forma progresiva tras conciliar “moral” con “meditación”, “creencia”
con “reflexión activa”. No se trata de culpar a nadie. Se trata de
responsabilizarnos de nuestros actos y ayudar siempre a quien lo necesite.
Detrás de cada aborto hay un drama personal o un comportamiento egoísta
irreflexivo, nos guste o no. No se trata de posicionarnos desde “trincheras”
ideológicas, que separan en lugar de buscar soluciones. No se trata de: “yo
decido sobre mi cuerpo” o “yo decido por ti”. Hay un camino que , en mi
opinión, debería exaltar la vida, la comprensión y la ayuda mutua.
¿Qué podemos hacer antes de abortar? ¿Qué podemos hacer para
evitar el sufrimiento?


