Fuente : María Alejandra Delgado
Existen evidentes distinciones en la vida de los seres: unos
son felices, mientras otros desgraciados, a unos la vida les sonríe, mientras a
otro les golpea; unos alcanzan éxito, son ricos e inteligentes, mientras otros
languidecen en medio de contrasentidos, limitaciones, miserias, enfermedades y
problemas de toda índole.
¿A qué se debe esto?
¿Acaso Dios no es justo y misericordioso y trata a todos sus
hijos por igual?
La respuesta a esta paradoja no la puede dar ninguna
religión, ningún dogma, ni doctrina esotérica, es decir, del vulgo, porque la
verdad fue desechada en aras de la pragmaticidad y en su lugar fue acomodado
El dogma de misterio que todo lo cambia y también lo
oscurece
Los males de la presente existencia son los frutos de causas
indebidas y de grandes injusticias sembradas por cada cual en sus anteriores
vidas y que ahora, en el presente, vienen a producir su debido efecto, sus
frutos naturales, puesto que se cosecha solamente aquello que se siembra y no
otra cosa distinta. ¿Sabía usted eso?
Esto lo explica la sabia Ley de la Reencarnación y su gemela
doctrina del Karma, que la religión cristiana elimino de sus enseñanzas en el
siglo 6, a raíz del segundo concilio de Constantinopla, por ser la misma
contraria a los intereses del dogma implantado.
Esta ley enseña que detrás de todos los efectos visibles,
palpables y cognoscibles que afectan al Universo y al hombre, cosas, planetas,
personas, pueblos, historias y conformaciones, existen una serie de causas que
le han dado origen y nacimiento, puesto que no pueden haber causas que no
produzcan efectos, así como tampoco pueden haber efectos sin la existencia de
causas previas que le han dado inicio. Independientemente de que la gente lo
sepa o no, crea en ella o no, las siete sabias leyes que rigen la marcha del
universo entero en los tres planos de evolución consciente, se cumplen de
manera fatal e inexorable.
La razón del por que algunos mueren jóvenes o nacen con
defectos físicos y limitaciones, mientras otros disfrutan de salud plena,
abundancia y dicha, la explica la Ley de Causa y Efecto, a través de sus
manifestaciones de la Reencarnación y el Karma.
La reencarnación le permite al hombre entender su misión en
el mundo y da respuesta cabal a las tradicionales preguntas del porque y para
qué se nace, que estamos haciendo en este planeta, hacia donde vamos, que hay
detrás de la muerte, cual es el sentido de la vida y como hacer para
descubrirlo a tiempo.
Explica igualmente una vez entendida la cuestión
conciencialmente, el por qué unos son felices mientras otros no, unos nacen con
talento mientras otros son brutales y grotescos; unos son agraciados y gozan de
gran aceptación en la sociedad, entre el sexo opuesto, etc., mientras otros son
desagradables, repelentes y no logran alcanzar sus metas en la vida.
Detrás de lo que aparentemente es una injusticia visible,
esta la justicia invisible. Esto aún no lo ha comprendido la humanidad, porque
han perdido la clave esencial que da la verdadera respuesta, que explica el por
qué de tantas distinciones y diferenciaciones entre la humanidad: La Ley de la
Pluralidad de Existencias o Reencarnación.
No es la primera vez que estamos en este mundo, ni la actual
vida nuestra única existencia. Hemos nacido múltiples veces sobre el planeta,
cada vez en nuevos cuerpos, siendo al alma la misma que regresa para aprender
las grandes lecciones de la vida y sufrir pruebas y experiencias, dolorosas
muchas y felices otras, para compensar errores anteriores.
Lo bueno o lo malo que nos ocurre en la actualidad son los
efectos de las causas buenas o malas del pasado, las bondades o las maldades
que cometimos contra el prójimo, el altruismo o las barrabasadas, las vivezas,
las crueldades y falta de tolerancia, las calumnias y los crímenes ejecutados
en el terrible ayer del cual nada recordamos.
He ahí un asomo de tan grande justicia: cosechamos lo que
hemos sembrado y los frutos recogidos no son otra cosa que la mensura que se
nos esta aplicando con la misma vara que medimos a los demás. ¿No fue eso lo
que dijo Jesús?.
La muerte no es el final de un individuo, así como tampoco
el nacimiento es su comienzo. Sin la comprensión de la Ley del Karma y la
Reencarnación, el hombre no es capaz de saber como están constituidos los
planos superiores evolutivos de donde el alma desciende hacia la vida al
encarnarse en el cuerpo físico.
La tarea de la evolución es larga, muy lenta, penosa y
difícil, debido a que el hombre por su libre albedrío, escoge y traza su propio
destino. Nadie le va a obligar a hacer tal o cual cosa, o a abstenerse de tal
comportamiento o actitud. El solo traza su vida y se compromete o se libera.
El llamado de los sentidos y el deseo de poder, supremacía,
dominio, etc. y la incorrecta justicia o el mal proceder, lo retendrán por
muchísimo tiempo en los mundos densos e inferiores tal como este planeta
Tierra, donde el nivel espiritual de evolución es bajo y por ello se le tiene
como un lugar de sufrimientos y miserias.
La ley del Karma ata al hombre pasional, injusto y malvado a
la rueda de múltiples nacimientos dolorosos para que pueda reparar sus errores
y extralimitaciones, si hizo el mal o para experimentar nuevas peripecias y
sucesos agradables, si hizo el bien, todo en aras de la propia evolución de
cada uno, de su propio bien. A los cielos no se llega sino cuando la
purificación del ser sea total y los pecados y debilidades redimidos.
Mientras exista maldad o dureza en los corazones, mientras
el hombre no se proponga de una vez por todas a ser recto, honesto, justo,
bondadoso y bienintencionado, dominador de su naturaleza inferior, nacerá
decenas de veces en situaciones y circunstancias donde el mismo mal que aplico
a los demás, le será aplicado a él, puesto que con la vara que medimos al
prójimo, tarde o temprano seremos medidos. Y ojalá esa medición sea hecha en la
actual existencia y no nos sorprenda la muerte con esa falta a cuestas, porque
seria peor el resultado al renacer.
Mientras exista un atisbo de injusticia, de codicia y
arrogancia y apegos a toda naturaleza, crueldades y ansias exageradas por el
oro y las posesiones, mala fe y desamor en los corazones, o cuando por razones
cósmicas, en la presente encarnación el hombre no ha expiado ni reparado el mal
cometido contra otros en anteriores existencias, deberá volver a la carne, a
nacer en mundos tridimensionales como este, mejores o peores, según como sea lo
que nos merezcamos a los ojos de la Justicia Divina y lo que uno mismo ha
escogido antes de nacer.

