domingo, 31 de agosto de 2014

Karma grupal : países, religiones, familias etc.


Si no podemos escapar del destino, ¿Representa alguna ventaja ejercer prudencia en nuestras acciones?
La Naturaleza siempre puede estar confiada en su capacidad de equilibrar el Karma en la forma más misericordiosa y consistente con la Justicia. Cuando somos descuidados o imprudentes, es posible que estemos interfiriendo con el plan de la Naturaleza. De esa manera, estamos desafiando a nuestro Karma, y es posible, al hacerlo así, que nos echemos sobre nosotros mismos, un torrente de efectos que no estaba programado para que se nos vinieran encima, sino hasta más tarde en la vida. Si se lo hubiéramos permitido a la Naturaleza, ella nos pudo haber dado más tiempo, y nosotros pudimos haber estado mejor preparados para enfrentarnos a esas experiencias cuando tenían que venir. Deberíamos tomar esas precauciones como el sentido común lo establece, sabiendo que si no estamos kármicamente conectados con un suceso inminente, esas precauciones serán eficaces. Precauciones excesivas no nos salvarán de nuestro destino, y pueden, en cambio, guiarnos dentro de una situación donde ese destino puede ser satisfecho, como se demostró con los ejemplos citados.
Si nuestro descuido afecta a los demás, es posible acelerar el Karma de ellos, y forzarlos a que lo enfrenten cuando ellos no están preparados. El hecho de que hayamos dañado a los demás por nuestro descuido, nos hace kármicamente responsables del daño que pueda ocasionar el descuido de ellos. Hemos sembrado una semilla dañina, la cual, al final, tendremos que recoger.
Si en lugar de ser descuidados, nos volvemos solícitos por el bienestar de los demás, generamos una fuerza útil que nos protege, para que el Karma de ellos pueda ser equilibrado de acuerdo al plan de la Naturaleza, en lugar de ser precipitado fuera de tiempo.
Los accidentes mayores, como los choques y descarrilamientos de trenes, naufragios, aviones estrellados, incendios, inundaciones, terremotos, etc., son casos en donde grandes números de individuos son reunidos, porque ellos tienen Karma similar que pagar. Cada participante, por sus acciones anteriores, ha creado tal Karma que resultará en un accidente serio, o aún más, la pérdida de la vida. La "muesca en el tipo de imprenta" de todos esos individuos es semejante, y ese parecido psicomagnéticamente los juntará a ese lugar y a esas circunstancias, en donde sus acciones pasadas pueden ser equilibradas.
El Karma de grupo no es, por lo tanto, diferente del Karma individual. Si los individuos implicados no habían encontrado sus destinos en un grupo, ellos lo encontrarán, más tarde o más temprano, en accidentes separados.
Epidemias que aniquilan vastos números de la población, y hambre general y grave que puede afectar grandes porciones de la raza humana, son también casos de Karma individual, soportada colectivamente.
Tanto las naciones como los individuos, tienen sus ciclos de vida. Al principio, ellos son fuertes y vigorosos, luego sigue un período de madurez, y finalmente, desintegración y desmoronamiento. Ellos también tienen sus Karmas que dependen en cómo ellos actuaron como naciones en el pasado. Si ellos han sido agresivos y por fuerza bruta subyugaron a sus vecinos más débiles, ellos, a su vez, encontrarán la misma suerte. Los Egos que formaron esa nación, encarnan juntos otra vez, tal vez en la misma nación, que después de esto, se volvió vieja y decrépita, o tal vez en otra nación, bajo un nombre nuevo. Esta nación, ahora, vendrá a ser la víctima de su vecino más fuerte, y de esa manera, recogerá lo que había sembrado en el pasado.
Cada individuo es atraído a la nación a la cual apropiadamente pertenece, ya sea por semejanza de características, o por asociación en el pasado. El Karma nacional, tanto como todos los otros grupos de Karma, está basado, al final, sobre el Karma de sus miembros individuales.
Universidad Teosófica


jueves, 21 de agosto de 2014

Así Como Es Arriba, Así Es Abajo

Universidad Teosofica


Somos incapaces de seguir las operaciones del Karma en los planos internos e invisibles, pero se pueden observar en el plano material. De esa forma, podemos aplicar esas observaciones a otros planos, si hacemos uso del principio antiguo conocido como el axioma hermético: "Así como es arriba, así es abajo." De acuerdo a ello, lo pequeño refleja lo grande; lo inferior refleja lo superior, y lo que sucede en los planos superiores tiene su equivalente en los planos inferiores, haciendo debida concesión para las diferentes características de los diferentes planos. Vemos una aplicación de este principio, en la semejanza que existe entre las estructuras del sistema solar y la del átomo.
El axioma hermético, a su vez, se basa en la unidad de toda vida. Desde que la misma Vida Única se manifiesta en todos los planos de la Naturaleza, pero bajo diferentes aspectos, no es sino natural que las mismas leyes debieran gobernar en todos esos planos.
Unos pocos ejemplos que muestran cómo la Ley de Causas y Efectos trabaja en el mundo material deberían, así mismo, ilustrar cómo esta Ley opera en los otros planos de la Naturaleza.
En cuestiones de dinero, es posible liquidar una cuenta antes de lo que se espera, y se considera justo y apropiado pagarla, ya sea en una sola entrega, o a "plazos" — poco a poco. Pero podemos endeudarnos con otros en muchas otras formas, además de tomar dinero prestado de ellos. Si el caso es comparable a una deuda de dinero, como quiera, parece justo asumir que puede ser pagada por adelantado, y puede hacerse en un solo pago, o a plazos.
Aprendemos de la física que dos fuerzas iguales y opuestas se anulan, y su efecto combinado es cero. Si una de ellas es mayor, el efecto será igual a la diferencia entre las dos, y actuará en la dirección de la fuerza mayor. En la misma forma, en el mundo de las relaciones humanas, si identificamos a esas acciones como fuentes de felicidad, paz y bienestar para los demás, y "meritorias" para nosotros; y esas que acarrean infelicidad, riñas y sufrimientos a los demás, y "demeritorias" para nosotros, y comparamos esas dos actividades a la acción de las fuerzas físicas, se vuelve aparente que tales acciones podrían equivaler unas a las otras, y dejar un resultado neto de cero, o un saldo de mérito o demérito, cualquiera que sea la que predomine.
O si somos comerciantes y cobramos más por nuestra mercadería o servicios de lo que valen, estamos cometiendo una injusticia a nuestros prójimos. Ponemos una carga adicional sobre ellos, por cualquiera que sea la cantidad que les hemos sobrecargado; y en su debido tiempo, el Karma lo equilibrará al hacernos pagar la injusticia que cometimos. Por lo tanto, tenemos que reintegrar lo que hemos ganado indebidamente.
No sabemos cuanto de esto, o de cualquier otra forma semejante, hemos podido haber hecho en el pasado, pero lo que sea, lo tendremos que compensar. No podemos alcanzar a cada una de nuestras víctimas para hacerles restitución individualmente, porque no sabemos quienes son, o donde están. Si queremos remediar el daño que hemos hecho, debemos empezar una sucesión de acciones en una naturaleza opuesta; y en forma general, actuar a fin de servir a nuestros prójimos sin buscar ganancia egoísta a cambio. Al hacer esto, preequilibramos nuestro Karma, en lugar de esperar hasta que el Karma recuerde la deuda que debemos.
La ilustración se tomó de la esfera de actividades del comercio, pero el principio se aplica a todas las actividades humanas. Es posible que seamos descuidados en nuestra postura mental con los demás; es posible que seamos resentidos y caprichosos, cuando deberíamos ser amables y apacibles. Es posible que seamos criticones y cínicos, cuando deberíamos ser bondadosos y agradecidos. Es posible que nos hayamos equivocado en cientos de formas diferentes en nuestras relaciones con nuestros prójimos, pero cualquiera que pueda ser la naturaleza de nuestras acciones demeritorias, deberíamos empezar las acciones meritorias de naturaleza opuesta, para equilibrar las anteriores.
Como otro ejemplo, sabemos que en el plano material, somos afectados por las fuerzas de la Naturaleza, pero que no somos gobernados, o no estamos esclavizados por ellas. No podemos interferir con esas fuerzas, en el sentido de volverlas inefectivas, pero podemos superar sus efectos al interponerles otras fuerzas equivalentes más fuertes.
La fuerza de la gravedad, por ejemplo, nos mantiene sobre el suelo, pero si queremos subir del primero al segundo piso de un edificio, tenemos que vencer esa fuerza. Hacemos eso, al interponer una fuerza muscular que es más fuerte que la gravedad.
Si no hubiera escaleras, pocos serían capaces de ascender, pero no hay nada que nos detenga de construir una escalera y subir paso a paso o "poco a poco."
Si queremos regresar al primer piso, podemos hacerlo saltando, pero podemos conseguir una lesión seria, o podemos usar la escalera y, de ese modo, vencer el efecto de la fuerza gravitacional, por medio de un número de pequeños esfuerzos de resistencia muscular. Completamente en todo el proceso, hemos estado bajo la influencia de la fuerza de la gravedad, pero no nos impidió de llevar a cabo nuestro propósito.
De la misma manera, si podemos superar una fuerza en el plano material, así también sería posible vencer fuerzas kármicas no utilizadas en cualquier área, al interponer otras fuerzas opuestas en esa área.