miércoles, 22 de enero de 2014

La iniciación: Morir para nacer




Iniciación simbólica e iniciación real.

A la hora de definir la iniciación, existe una constante que persigue a todas las tradiciones, y ésta es el empleo simbólico de la palabra muerte. Iniciarse es nacer a otra realidad, y para poder hacerlo, primero es requisito indispensable morir en otra. El aspirante que quiera entrar en los Misterios, debe primero saber y poder morir para así, como un hombre nuevo, nacer a la nueva conciencia; es lo que llaman el Segundo Nacimiento. El rito de iniciación es un rito de muerte, igual que el que se practica en algunas tribus para pasar de la vida infantil a la vida adulta: muere el niño, nace el hombre, con sus plenos derechos morales, de familia, de casamiento. A menudo juega un papel importante esta experiencia de la muerte simbólica - algunas organizaciones la representan incluso con tumbas, ataúdes u objetos que nos recuerden a la muerte que se preparan exclusivamente para ello- y la consiguiente resurrección en grados más avanzados. Alice Bailey habla en sus libros de la resurrección como iniciación propiamente dicha; también las escuelas místicas cristianas, tales como los rosacruces hablan del símbolo de la cruz y la consiguiente resurrección de Cristo como un acto de iniciación superior. Max Heindel hacía hincapié en ese glorioso momento. Algunas de estas representaciones simbólicas hacían referencia a la vuelta al útero materno y su correspondiente renacimiento. Muchas pruebas y símbolos tienen que ver con ese nuevo renacer. Recordemos las pruebas del laberinto a las que se hacen referencia. ¿Qué encontramos en el centro del laberinto?
Se suele hablar de dos tipos de iniciación: la tradicional o simbólica, la cual se consigue en la estructura de una orden iniciática o un grupo que a su vez ha recibido la tradición, es decir, estamos aquí hablando de una iniciación humana y referenciada dentro de un marco reducido, de disciplina y estudio constante que intenta estimular por el rito o el trabajo iniciático continuo la que sería la segunda tipología de iniciación: la iniciación espiritual, mística o solar según quién la nombre, en la cual intervienen las fuerzas y las leyes cósmicas, siendo la estructura desarrollada desde la conciencia subjetiva de cada sujeto en el esfuerzo de su vida diaria. Existirían pues, muchos iniciados que realizan su trabajo en el silencio de la vida diaria sin ser conscientes de su condición o grado o sin presumir de ella. La primera no es condición de la segunda, pero pueden ir perfectamente a la par.
 Dentro de la estructura de la iniciación simbólica, existen, de cara a lo exterior o externo, a lo exotérico, unos preliminares casi indiscutibles. Para poder ser iniciados necesitamos de una institución o medio que permita esta iniciación, de un maestro o figura que previamente haya sido receptor de esa tradición y así mismo, de un ritual que llene de significado el simbólico momento. Esta estructura suele estar organizada y pensada para que no muera en el tiempo, sino, para que se perpetúe de forma infinita y pueda ser el principal nexo de transmisión, la forma por la cual se mantenga sin interrupción la continuidad de la llamada “cadena iniciática“. Sin embargo, la ceremonia en sí, ¿es un puro trámite, una fórmula arbitraria o existe en ella un significado y una importancia que escapan a la observación superficial? Así lo expresa Aldo Lavagnini y responde diciendo que cada receptor de la iniciación tiene el privilegio de contestar individualmente en proporción a su entendimiento y la iniciación será para él lo que él mismo la reconozca y realice. Si es cierto lo que nos dicen, tras el velo de la iniciación simbólica, existe una iniciación real, una iniciación espiritual que nos abre la puerta hacia una realidad aún superior a la ya conocida o recibida mediante el rito: una Realidad profunda que constantemente se oculta bajo la apariencia exterior de las cosas, un eco de la Palabra Perdida que aún se transmite y perdura.


domingo, 19 de enero de 2014

Que es la espiritualidad ?



Por Sri Chinmoy


Cuando se trata de Dios y el hombre, sólo existe un lenguaje, y ese lenguaje es la espiritualidad.

La espiritualidad es la universalidad de la Verdad, la Luz y el Deleite. La espiritualidad es la necesidad consciente de Dios. La espiritualidad es la oportunidad constante de realizar y probar que todos nosotros podemos ser tan grandes como Dios.
Dios es Deleite. El Deleite es el hálito del alma. Dios no quiere ver el rostro de la tristeza. Dios nos dará la infinitud en el momento en que estemos dispuestos a ofrecerle tan sólo un destello del deleite de nuestra alma.
El mundo está afligido. Nosotros somos responsables de ello. Nuestros sentimientos de auto-interés y auto-importancia son totalmente responsables de ello. La conciencia individual debe expandirse. El hombre necesita inspiración. El hombre necesita acción. La espiritualidad necesita al hombre. La espiritualidad necesita cumplimiento absoluto. La espiritualidad posee el ojo interno que enlaza todas las condiciones de la vida con certeza interna.
El hombre puede hacer y deshacer sus condiciones externas mediante sus pensamientos espirituales. Para el que lleva a Dios en sus pensamientos y acciones, sólo para él, Dios es una Realidad viviente.
La espiritualidad posee una llave secreta que abre la Puerta de lo Divino. Esta llave es la meditación. La meditación simplifica nuestra vida externa y energiza nuestra  vida  interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea. Esta vida llega a ser tan natural y espontánea que no podemos respirar sin tener conciencia de nuestra divinidad.
La meditación es un regalo divino. Es la aproximación directa, pues conduce al aspirante hacia Aquel de quien ha descendido. La meditación nos dice que nuestra vida humana es algo secreto y sagrado y confirma nuestra herencia divina. La meditación nos da un nuevo ojo para ver a Dios, un nuevo oído para oír la Voz de Dios y un nuevo corazón para sentir la presencia de Dios.
La vida espiritual no es un lecho de rosas, ni tampoco un lecho de espinas. Es un lecho de realidad e inevitabilidad. En mi vida espiritual veo el papel del diablo y el papel del Señor. Si el diablo posee la tentación, mi Señor posee la Guía. Si el diablo tiene oposición, mi Señor tiene Ayuda. Si el diablo tiene castigo, mi Señor tiene Compasión. Si el diablo me lleva al infierno, mi Señor me lleva al Cielo. Si el diablo tiene la muerte para mí, mi Señor tiene la Inmortalidad para mí.
Con la plenitud de nuestro corazón y con las lágrimas inundando nuestros ojos, debemos rezar a Dios. Debemos elevar nuestro objetivo tan alto como la realización de Dios, puesto que ese es el único propósito de nuestra existencia terrenal. Sri Ramakrishna dice: «Para ningún propósito ha nacido, quien teniendo el raro privilegio de haber nacido hombre, es incapaz de realizar a Dios en esta vida».
La ciencia ha logrado maravillas. No obstante, el alcance de su visión es limitado. Hay mundos más allá de los sentidos; hay misterios ocultos. La ciencia no tiene acceso a estos mundos; la ciencia nunca puede resolver estos misterios. Pero una figura espiritual puede fácilmente, con su visión interna, penetrar en estos mundos y sondear estos misterios. Y aún así, una figura espiritual es un auténtico idealista que no construye castillos en el aire sino que, mas bien, tiene sus pies firmemente plantados en la tierra.
La espiritualidad no es mera tolerancia. Ni siquiera es aceptación. Es el sentimiento de unicidad universal. En nuestra vida espiritual consideramos lo Divino, no sólo en términos de nuestro propio Dios sino en términos del Dios de todos. Nuestra vida espiritual establece firme y seguramente las bases de la unidad en la diversidad.
La espiritualidad no es mera hospitalidad con la fe en Dios de los demás. Es el reconocimiento y la aceptación absoluta de su fe en Dios como la propia de uno. Difícil, pero no imposible, puesto que esta ha sido la experiencia y la práctica de todos los Maestros espirituales de todos los tiempos.
La «Verdad» ha sido el problema de los problemas en todas las épocas. La verdad vive en la experiencia. La verdad en su aspecto externo es sinceridad, veracidad e integridad. La verdad en su aspecto interno y espiritual es la visión de Dios, la realización de Dios y la manifestación de Dios. Eso que respira eternamente es la Verdad. Incitador del alma es el grito de nuestros videntes Upanishádicos: Satyam eva jayate nanritam: "Sólo la Verdad triunfa, y no la falsedad". Bienaventurada es la India por tener este como su lema, su aliento de vida, su extenso mensaje de divinidad universal.
La espiritualidad no va a ser hallada en los libros. Aunque exprimamos un libro no vamos a obtener espiritualidad alguna. Si queremos ser espirituales, tenemos que crecer desde dentro. Los pensamientos y las ideas preceden a los libros. La mente levanta a los pensamientos y a las ideas de su sueño. La espiritualidad despierta a la mente. Una persona espiritual es la que escucha los dictados de su alma, y a la que el temor no puede torturar. Las opiniones del mundo son demasiado débiles para atormentar su mente y su corazón. Ella conoce, siente y personifica esta verdad.
Por último, tengo un secreto abierto para los que quieran emprender la vida espiritual. El secreto abierto es este: pueden cambiar su vida. No necesitan esperar años, ni siquiera meses para este cambio. Este se inicia en el momento en que uno bucea en el mar de la espiritualidad. ¡Intenten vivir la vida de la disciplina espiritual por un día, ¡un solo día! Están llamados al triunfo.
                                                                                                                                                                                                                  

miércoles, 15 de enero de 2014

Nuestro signo lunar




Es común escuchar este comentario : - Yo soy del signo de Leo pero me identifico más con el signo de Virgo…¿ por que será ?
Lo que la mayoría de las personas no sabe es que, además del signo solar, en el cual se basa nuestra astrología occidental, las personas poseemos un complejo sistema de planetas y otros factores que, junto al Sol, modelan nuestra identidad. Al momento de nuestro nacimiento, estos planetas pueden emplazarse en energías muy similares a las de nuestro signo solar, por ejemplo, si soy Aries puedo tener planetas ubicados en otros signos de fuego, o bien en el mismo signo, o por el contrario en energías más bien disonantes con la vibración ariana. Todas estas características pueden influir para que, en cierto modo, nos sintamos muy afines a la energía de nuestro Sol, o, por el contrario, tengamos nuestras sospechas de que quizás nos parecemos más a otro signo que al de nacimiento.
Entre los otros planetas y luminares que influyen poderosamente en la conformación de nuestra identidad, la Luna es, sin duda, un factor fundamental. Efectivamente, cuando conocemos nuestro signo lunar, o la posición por signo de la Luna al momento de nacimiento, nos podemos explicar muchas cosas, aspectos que incluso a veces distan de nuestras cualidades solares.
La Luna es la energía más conocida para todo ser humano. De hecho, cuando nacemos nuestra conciencia está protegida por la energía de la Luna, es decir, nuestra conciencia  es cien  por ciento lunar y poco a poco se va abriendo a otras energías, alcanzando un nivel de integración mayor. Si nuestra Luna de nacimiento está en el signo de Cáncer, por ejemplo, será con esa energía con la cual nos identificaremos más inconscientemente. Si la Luna cae en el signo de Sagitario, será con esa vibración con la que más me sentiré en casa. Así, cada Luna supone una energía distinta, pero a nivel arquetípico lo importante es que, cualquiera sea la posición de la Luna, ésta siempre indicará qué energía constituye el refugio en mi vida, con cual me siento “como en casa”, qué energía constituye mi nido, mi manto protector y nutricio.
De este modo, así como  queremos conocer las cualidades del signo solar, del mismo modo, debiésemos investigar las cualidades del signo lunar, pues a veces habla de aspectos mucho más íntimos que los de mi Sol. La Luna simboliza la madre y todo aquello que connote protección. Es por ello que, aunque no conozcamos el signo de nuestra Luna, es muy probable que en momentos de temor, inseguridad o desprotección, tendamos inconsciente y automáticamente a refugiarnos en esta energía.
¿Cómo podemos traducir esta explicación en ejemplos concretos? Pues bien, imaginémonos que mi Luna está en el signo de Géminis. ¿Cuál será mi tendencia atávica? A explicarme la vida, a analizarla, a comunicarla, a “tener las cosas claras”, a operar en la cabeza, etc. Cuando me sienta desprotegido, ¿qué es lo que haré? Probablemente, trataré de racionalizar lo que me pasa, entenderlo, hablarlo, escribirlo. ¿Qué pasa si tengo mi Luna en Piscis, por ejemplo? Cuando me sienta inseguro o me quiera proteger, me escaparé a mi mundo de ensueño y fantasía, me fundiré en espacios de despersonalización, de fusión con el Todo, o en su versión más destructiva, en las drogas o en el alcohol que me permiten conectarme con el todo indiferenciado a través de la pérdida de conciencia.

La Luna es así una energía inconsciente, muchas veces regresiva, que nos permite refugiarnos automáticamente cuando nos sentimos amenazados. Lo más importante de la Luna es que, según el signo en que esté emplazada, es esa la energía que valoramos, que tenemos “afectivizada”, por lo tanto, “cuando me quieren” es porque mi radar lunar  confirma que la energía lunar está presente; de la misma manera, “cuando yo quiero” lo expreso principalmente por ese canal; asimismo, cuando me quiero sentir seguro y en casa, me hundo en esa energía para mantenerme a salvo.
Decíamos que es regresiva porque es energía inconsciente y ya no somos los bebés que necesitan refugiarse en ese manto protector. Como adultos, tenemos otros recursos disponibles, pues ya hemos descubierto, por ejemplo, nuestro Sol, hemos vivenciado nuestro ascendente, conocemos aspectos de nuestra Venus, de Marte, etc, aunque nunca hayamos escuchado la explicación, ya está en el cuerpo. La trampita con la Luna o “el hechizo lunar” consiste en que seguimos refugiándonos en esta energía, cuando a veces ni siquiera hay amenaza real, cuando no hay peligro alguno, o bien, cuando pese a que nos sentimos desprotegidos, insistimos en hundirnos en la cuna mullida de la Luna, cuando quizás la vida nos pide otra respuesta más creativa e integrada, recurriendo a nuestro Sol, por ejemplo, a la energía del ascendente u otro planeta.
La Luna es nuestro refugio y, cuando la conocemos, cuando tomamos conciencia de su influjo, podemos refugiarnos en ella pero ya no como niños, sino como adultos que eligen nutrirse y envolverse  en esta energía. Cuando la Luna es una elección, dejamos de estar atrapados regresivamente en ella, como si sólo fuésemos ese fragmento de energía. Como adultos, reconocemos nuestra totalidad y si vamos a nuestra Luna es porque constituye nuestra energía básica, en ella nos nutrimos y cuidamos de nuestra alma.
Cuando desplegamos nuestra Luna conscientemente, nos acercamos a nuestros talentos: naturalmente somos seres lunares, nutrimos a otros y a nosotros mismos desde este lugar. Somos capaces de desplegar toda nuestra sabiduría lunar acerca de ese signo. Cuando dejamos que el mecanismo nos atrape no siempre crecemos. Con una Luna en Géminis, por ejemplo, en un momento de desprotección nos ponemos a explicar, aclarar, racionalizar y dudar, cuando a lo mejor la vida nos pide a gritos sentir, resonar y silenciarnos.

Averigua cual es tu signo lunar y cuáles son los dones asociados a esa energía y despliégalos conscientemente, pues estarás nutriéndote, acunándote, al igual que una madre. Descubre, también, las sombras de esa energía y reconoce de qué forma pueden estar presentes en tus respuestas emocionales más inconscientes.



lunes, 6 de enero de 2014

El número 7 y la relación con el 2014




El numero siete 

Signo del pensamiento, la espiritualidad, la conciencia, el análisis psíquico, la sabiduría.
El número del intelecto, el idealismo y la represión.
Son personas amantes de la lectura, el estudio y las ansias por aprender. Tendentes a proyectar su vida en una esfera de idealismo y actividad intelectual. Habilidades para el análisis y la investigación y la inteligente búsqueda del conocimiento; mentalidad científica y con capacidad de inventiva; estudiosa, meditadora; de personalidad encantadora; amantes de la soledad y de la paz; perfeccionistas.
En el lado negativo: motivos ocultos; muy reservado, les encanta argumentar con silencios o sarcasmos; tendencia al aislamiento, a posiciones inflexibles, les irritan las distracciones.
Compatibilidades del 7 (siete):
El 7 es compatible con el 3: es compatibilidad por complementariedad.
El 7 es compatible con el 8: alianza efectiva para lograr objetivos de todo tipo.

El año 2014 : en numerología es 7

Año 2014: 2 + 0 + 1 + 4 = 7
Cada año posee una vibración numérica particular, que nos brinda claves sobre el panorama general que nos aguarda. Así como el año 2013 (6) fue un año de nuevos comienzos, de generar espacios de pertenencia, el 2014 será un año muy especial, bajo la mágica influencia del número 7.
Siete las notas musicales, los colores del arco iris, los pecados capitales, las maravillas del mundo… las palabras de Cristo en la cruz: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”.
 El número siete hace parte, sin que nos demos cuenta, de varias facetas de la vida. Quien no ha repetido los siete colores del arco iris, o quién no se sabe los siete días de la semana. Siete son también las notas musicales y los mares. En Grecia había siete sabios. Y en el cuerpo se encuentran siete chakras. Siete son las maravillas del mundo antiguo. Y en el campo de la religión católica, siete son los sacramentos.
Y para aquellos más mundanos y menos preocupados por lo espiritual, los pecados capitales totalizan también siete.
En la simbología judeocristiana, el siete ocupa un lugar de privilegio: desde el primer libro del Antiguo Testamento (Génesis) hasta el último del Nuevo (Apocalipsis) es el número más evocado. Sólo en la Revelación de San Juan aparece 55 veces.
 Entre los judíos, la fiesta de las cosechas se hace siete semanas después de la primavera y en sus ritos encienden las velas de la menorah, el candelabro de siete brazos. Según la Cábala, el siete representa la Ley Divina que rige el Universo.
El número siete regula todo lo relacionado con la vida, actúa de una manera sabia para que todo se desarrolle en su respectivo orden. El año 2014 está asociado a Libra, el único signo que está representado por un objeto, la balanza. Eso nos remite al equilibrio entre los componentes del todo, y nos invita a vivir en paz y armonía. Será tiempo entonces, de dejar hábitos o relaciones que no son convenientes, también para determinar qué queremos cambiar en nuestra vida, o mejorar.
El número 7 representa la conexión con lo etéreo, la búsqueda espiritual, la auto-observación, el perfeccionamiento interior, la mirada hacia el futuro y la capacidad de conectarse con lo divino a nivel energético.
Un año donde estaremos más preocupados por el espíritu y el pensamiento que por las cosas materiales, por lo que la tendencia será a alejarnos de las personas que tienen las inquietudes materialistas como prioridad.Se desarrollarán los poderes de observación, el estudio y el análisis; es el año de la búsqueda del conocimiento como prioridad.
Es un ciclo de creatividad, originalidad y orgullo, de búsqueda de independencia por lo que para muchos será difícil escuchar consejos. La desconfianza característica de los 7 motivará a muchos a buscar sus propias fuentes de conocimiento donde puedan creer a través de lo que saben y lo que han aprendido.
La energía del año 2014, será el catalizador que permita sintonizar con lo verdaderamente genuino, con la necesidad de romper con todo lo establecido, no por algún conflicto, sino por haber llegado a la conclusión que esa estructura no representa, y no expresa lo que se siente en el interior.
Aunque la vibración del 7 no es la de amasar grandes fortunas ni de alcanzar la fama, el dinero llega sin proponérselo a los que estén enfocados en las áreas más espirituales, ya que al estarse perfeccionando aceleran el flujo energético positivamente en todos los aspectos.
Es un año excelente para indagar e internarnos en el mundo espiritual. Y tú....que estas esperando ?