lunes, 3 de junio de 2019
La codependencia, el apego y el amor
Venerable Damcho reflexiona en torno a las preguntas frecuentes acerca de ¿cómo podemos evitar caer en auto negación, resignación o codependencia en relaciones cercanas? Asimismo explora desde varios ángulos cómo podemos cuidarnos a nosotros mismos y a la vez cuidar a otros, con una actitud inteligente, realmente benéfica y equilibrada. Plantea momentos en los que un desapego amoroso es la mejor opción. Fue transmitida desde el centro budista Tharpe Lamtun en San Luis Potosí, México. Esta versión tiene mejor sonido que la anterior.
sábado, 1 de junio de 2019
Ofrecimiento de Luz a los Budas
En la tradición budista es costumbre hacer ofrecimientos de luz para eliminar obstáculos y crear condiciones auspiciosas para la vida. Es habitual hacer ofrendas de luz al inicio del año, para que durante este tiempo todo fluya de forma favorable. También se hacen para cualquier evento de la vida familiar o individual que se celebre, como el nacimiento de un hijo, el matrimonio de una pareja, la graduación en los estudios, el cumpleaños de un amigo o familiar o el aniversario de los padres.
Las ofrendas de luz también se pueden hacer en periodos difíciles o en transiciones inciertas. El don de la luz y las oraciones que lo acompañan ayudan a producir menos sufrimiento y mayor felicidad en tiempos de enfermedad, pérdida, incertidumbre y muerte. Se pueden ofrecer velas para un padre que se enfrenta a una operación, para un amigo que está cambiando de carrera, para un estudiante que enfrenta un examen difícil y para un miembro de la familia que experimenta un estrés extremo. En el momento de la muerte de alguien, es tradicional ofrecer una lámpara de bardo durante 49 días.
Los beneficios generados al realizar un ofrecimiento de luz a los Budas son innumerables. En nuestro templo tenemos una estupa de luz con los 1.000 Budas del eón afortunado. Buda dijo a sus discípulos que aquellos que se acercasen a una estupa con devoción lo encontrarían ahí, sentirían su presencia, experimentarían su compasión y recibirían su guía. Al reunir los 1.000 Budas del eón afortunado en una estupa de luz se multiplican el poder y la energía de esta práctica.
Puedes hacer un ofrecimiento de luz en tu nombre, en el de un familiar o en el de un amigo.
Oracion de lama Atisha para recitar cuando se hace un ofrecimiento de Luz a los Budas
¡ Pueda este recipiente volverse tan vasto, como los miles de millones de universos !
Pueda esta mecha, crecer tan grande como el monte Meru, que es el rey de las montañas,
pueda el aceite que hay en ellas, convertirse en un vasto océano que llegue a las profundidades del mundo.
Que puedan, un billón de lamparas, aparecer enfrente de cada Buda y que su Luz, elimine la oscuridad de la ignorancia en todas partes, desde la cima de la existencia, hasta el mas profundo de los infiernos.
Puedan todas estas tierras, convertirse en campos de tierras puras, repletas de Budas y Bodhisatvas. Que sea asi en todas las direcciones !
OM VAJRAALOKE AH HUM E MA HO
Esta enorme y preciosa Luz que arde con mucho brillo yo la ofrezco a los mil Budas, de este eón afortunado, a los Gurus, Yidams, Deidades, Dakinis y Dharmapalas, y a las deidades de todas los mandalas en los infinitos reinos de las diez direcciones, que puedan todos los seres y mis propios padres que son los mas importantes entre todos ellos, en esta y en todas mis vidas futuras, cualquiera que sea el lugar de nacimiento, puedan siempre ver directamente a los Budas y sus reinos y permanecer ahí inseparablemente del buda Amitabha, el Señor de la Luz Infinita, por favor, otorganos tus bendiciones por medio del poder de la verdad del Buda, del Dharma y de la Sangha, y las deidades de las tres raíces.
Que esta oración de aspiración pueda rápidamente volverse realidad.
TAYATA PACANDRIYA AUABODHANAYE SOHA
domingo, 20 de enero de 2019
El significado del nombre segun la Psicogenealogia
Por Alejandro Jodorowsky
Influye el nombre que le ponen los padres al nuevo ser psicológicamente ?
La psique infantil, tal como haría un animal doméstico, se identifica a ese sonido con el que constantemente atraen su atención. Termina incorporándolo a su existencia como si fuera un órgano o una víscera más. En la mayoría de los casos, en los nombres se desliza el deseo familiar de que los antepasados renazcan: el inconsciente puede disfrazar esta presencia de los muertos no sólo repitiendo el nombre entero (en muchas familias el primogénito recibe el mismo nombre que su padre, su abuelo, su bisabuelo; si es mujer puede recibir un nombre masculinizado que pasa por ejemplo de Francisco a Francisca, de Marcelo a Marcela, de Bernardo a Bernarda, etc.). Este nombre, si viene cargado de una historia, a veces secreta (suicidio, enfermedad venérea, pena de cárcel, prostitución, incesto o vicio, quizás de un abuelo, una tía, un primo), se hace vehículo de sufrimientos o de conductas que poco a poco invaden la vida de quien lo ha recibido.
Hay nombres que aligeran y nombres que pesan.
Los primeros actúan como talismanes benéficos. Los segundos, son detestados. Si una hija recibe de su padre el nombre de una antigua amante, queda convertida en su novia para toda la vida. Si una madre que no ha resuelto el nudo incestuoso con su padre da al niño el nombre de aquel abuelo, el hijo, preso en la trampa edípica, se verá impulsado a imitar al antepasado admirándolo y al mismo tiempo detestándolo, por ser un rival invencible. Aquellas personas que reciben nombres que son conceptos sagrados (Santa, Pura, Encarnación, Inmaculada, etc.) pueden sentirlos como órdenes, padeciendo conflictos sexuales. Aquellos bautizados como ángeles (Angélica, Rafael, Gabriel, Celeste, etc.) pueden sentirse no encarnados. Los Pascual, Jesús, Enmanuel, Cristián o Cristóbal es muy posible que padezcan delirios de perfección y a los 33 años tengan angustias de muerte, accidentes, ruinas económicas o enfermedades graves.
A veces los nombres dados son producto del deseo inconsciente de solucionar situaciones dolorosas.
Por ejemplo, si un hombre cuando era niño fue separado de su madre, llamará a su hijo Juan-María, realizando en ese doble nombre su deseo de unirse con ella. Si un pequeño muere, al que le sigue lo pueden llamar René (del latín renatus, lo que significa «renacido»). Si un antepasado fue detenido, para vergüenza de su familia, por haber cometido una estafa o un robo, a un descendiente directo se le puede bautizar como Inocencio. Si una mujer con fijación incestuosa se casa con un hombre que tiene el mismo nombre que su padre, puede engendrar hijos que padezcan una confusión generacional: inconscientemente, al vivirse como hijos de su abuelo, considerarán a su madre como una hermana, lo que les provocará inmadurez. Si después de una niña nace un niño al que se le bautiza con el nombre de ella masculinizado (Antonia seguida de Antonio, Francisca seguida de Francisco, etc.), puede denunciar que el nacimiento de la nena fue una decepción y la joven, considerándose el esquema de un futuro hombre, puede vivir sumida en un doloroso desprecio a sí misma, sintiéndose incompleta.
Un nombre tomado de estrellas del cine o de la televisión, o de escritores famosos.
Impone una meta que exige la celebridad, lo que puede ser angustioso si no se tiene talento artístico. Si los padres transforman el nombre de sus hijos en diminutivos (Lolo, Pepe, Rosi, Panchita), pueden fijarlos para siempre en la infancia.
Significado inconsciente de los nombres.
El inconsciente, por su naturaleza colectiva, esconde significados en los nombres que el individuo, sin conocerlos conscientemente, padece. Los nombres de santos inducen cualidades, pero también transmiten martirios. Algunas María pueden verse asediadas por el deseo de engendrar a un niño perfecto. Algunos José pueden tener dificultad para satisfacer a una mujer. A santa Valeria le cortaron la cabeza: las mujeres que reciben este nombre pueden tender a la locura. Ciertas Mercedes, nombre que desciende del latín merces (salario, pago), pueden ser tentadas por el comercio, ejercido con honradez.
Los nombres, en el inconsciente, funcionan como mantras (versos tomados de las obras védicas y usados como encantos). Estas palabras, por su repetición constante, originan vibraciones que producen determinados efectos ocultos. Los brahmanes creen que cada sonido en el mundo físico despierta un sonido correspondiente en los reinos invisibles e incita a la acción de una fuerza u otra. Según ellos, el sonido de una palabra es un eficaz agente mágico y la principal llave para establecer la comunicación con las entidades inmortales. Para la persona que desde que nace hasta que muere repite y escucha repetir su nombre, éste funciona como un mantra. Pero un sonido repetido puede ser benéfico o dañino. En la mayoría de los casos el nombre consolida una individualidad limitada. El ego afirma «Soy así y no de otra manera», perdiendo fluidez, anquilosándose.
Los grandes adeptos de la Magia, como Éliphas Lévi, Aleister Crowley o Henri Corneille-Agrippa, afirmaron que el ser humano tenía dos cuerpos, uno físico y otro de luz (también llamado cuerpo energético o alma) el que, por ser sagrado, no podía tener un nombre personal. El nombre que se pronuncia, unido como una sanguijuela al cuerpo físico, sólo manifiesta la individualidad ilusoria de la persona. El cuerpo de luz forma parte del impronunciable nombre de Dios. El propósito de estos magos era desarrollar o recordar el cuerpo de luz, integrándolo en la conciencia cotidiana. Si se alcanza un equilibrio funcional del cuerpo de luz con el cuerpo físico, el ego egoísta queda eliminado. La toma de conciencia del ser esencial abre la puerta de la libertad al dejar de estar encadenado a su nombre de pila, si éste se vive de forma dolorosa.
Influye el nombre que le ponen los padres al nuevo ser psicológicamente ?
Este primer "regalo" otorgado al recién nacido lo individualiza en el seño de la familia.
La psique infantil, tal como haría un animal doméstico, se identifica a ese sonido con el que constantemente atraen su atención. Termina incorporándolo a su existencia como si fuera un órgano o una víscera más. En la mayoría de los casos, en los nombres se desliza el deseo familiar de que los antepasados renazcan: el inconsciente puede disfrazar esta presencia de los muertos no sólo repitiendo el nombre entero (en muchas familias el primogénito recibe el mismo nombre que su padre, su abuelo, su bisabuelo; si es mujer puede recibir un nombre masculinizado que pasa por ejemplo de Francisco a Francisca, de Marcelo a Marcela, de Bernardo a Bernarda, etc.). Este nombre, si viene cargado de una historia, a veces secreta (suicidio, enfermedad venérea, pena de cárcel, prostitución, incesto o vicio, quizás de un abuelo, una tía, un primo), se hace vehículo de sufrimientos o de conductas que poco a poco invaden la vida de quien lo ha recibido.
Hay nombres que aligeran y nombres que pesan.
Los primeros actúan como talismanes benéficos. Los segundos, son detestados. Si una hija recibe de su padre el nombre de una antigua amante, queda convertida en su novia para toda la vida. Si una madre que no ha resuelto el nudo incestuoso con su padre da al niño el nombre de aquel abuelo, el hijo, preso en la trampa edípica, se verá impulsado a imitar al antepasado admirándolo y al mismo tiempo detestándolo, por ser un rival invencible. Aquellas personas que reciben nombres que son conceptos sagrados (Santa, Pura, Encarnación, Inmaculada, etc.) pueden sentirlos como órdenes, padeciendo conflictos sexuales. Aquellos bautizados como ángeles (Angélica, Rafael, Gabriel, Celeste, etc.) pueden sentirse no encarnados. Los Pascual, Jesús, Enmanuel, Cristián o Cristóbal es muy posible que padezcan delirios de perfección y a los 33 años tengan angustias de muerte, accidentes, ruinas económicas o enfermedades graves.
A veces los nombres dados son producto del deseo inconsciente de solucionar situaciones dolorosas.
Por ejemplo, si un hombre cuando era niño fue separado de su madre, llamará a su hijo Juan-María, realizando en ese doble nombre su deseo de unirse con ella. Si un pequeño muere, al que le sigue lo pueden llamar René (del latín renatus, lo que significa «renacido»). Si un antepasado fue detenido, para vergüenza de su familia, por haber cometido una estafa o un robo, a un descendiente directo se le puede bautizar como Inocencio. Si una mujer con fijación incestuosa se casa con un hombre que tiene el mismo nombre que su padre, puede engendrar hijos que padezcan una confusión generacional: inconscientemente, al vivirse como hijos de su abuelo, considerarán a su madre como una hermana, lo que les provocará inmadurez. Si después de una niña nace un niño al que se le bautiza con el nombre de ella masculinizado (Antonia seguida de Antonio, Francisca seguida de Francisco, etc.), puede denunciar que el nacimiento de la nena fue una decepción y la joven, considerándose el esquema de un futuro hombre, puede vivir sumida en un doloroso desprecio a sí misma, sintiéndose incompleta.
Un nombre tomado de estrellas del cine o de la televisión, o de escritores famosos.
Impone una meta que exige la celebridad, lo que puede ser angustioso si no se tiene talento artístico. Si los padres transforman el nombre de sus hijos en diminutivos (Lolo, Pepe, Rosi, Panchita), pueden fijarlos para siempre en la infancia.
Significado inconsciente de los nombres.
El inconsciente, por su naturaleza colectiva, esconde significados en los nombres que el individuo, sin conocerlos conscientemente, padece. Los nombres de santos inducen cualidades, pero también transmiten martirios. Algunas María pueden verse asediadas por el deseo de engendrar a un niño perfecto. Algunos José pueden tener dificultad para satisfacer a una mujer. A santa Valeria le cortaron la cabeza: las mujeres que reciben este nombre pueden tender a la locura. Ciertas Mercedes, nombre que desciende del latín merces (salario, pago), pueden ser tentadas por el comercio, ejercido con honradez.
Los nombres, en el inconsciente, funcionan como mantras (versos tomados de las obras védicas y usados como encantos). Estas palabras, por su repetición constante, originan vibraciones que producen determinados efectos ocultos. Los brahmanes creen que cada sonido en el mundo físico despierta un sonido correspondiente en los reinos invisibles e incita a la acción de una fuerza u otra. Según ellos, el sonido de una palabra es un eficaz agente mágico y la principal llave para establecer la comunicación con las entidades inmortales. Para la persona que desde que nace hasta que muere repite y escucha repetir su nombre, éste funciona como un mantra. Pero un sonido repetido puede ser benéfico o dañino. En la mayoría de los casos el nombre consolida una individualidad limitada. El ego afirma «Soy así y no de otra manera», perdiendo fluidez, anquilosándose.
Los grandes adeptos de la Magia, como Éliphas Lévi, Aleister Crowley o Henri Corneille-Agrippa, afirmaron que el ser humano tenía dos cuerpos, uno físico y otro de luz (también llamado cuerpo energético o alma) el que, por ser sagrado, no podía tener un nombre personal. El nombre que se pronuncia, unido como una sanguijuela al cuerpo físico, sólo manifiesta la individualidad ilusoria de la persona. El cuerpo de luz forma parte del impronunciable nombre de Dios. El propósito de estos magos era desarrollar o recordar el cuerpo de luz, integrándolo en la conciencia cotidiana. Si se alcanza un equilibrio funcional del cuerpo de luz con el cuerpo físico, el ego egoísta queda eliminado. La toma de conciencia del ser esencial abre la puerta de la libertad al dejar de estar encadenado a su nombre de pila, si éste se vive de forma dolorosa.
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