viernes, 19 de septiembre de 2014

La era de la sensibilidad humana

por Vicente Ruben Anglada


Cuando se nos habla de meditación como un sistema de llenar en forma inteligente estos vacíos y ser conscientes y de educir ciertas capacidades, ciertas cualidades que tenemos todos en potencia, desarrollando ciertas células en el cerebro y en el corazón y en este mágico equilibrio entre el corazón y la mente (para) llegar a ser conscientes de esta cosa subjetiva y transmitirlo objetivamente a nuestros sentidos del cerebro, entonces empieza para nosotros un nuevo sistema de vida, empezamos a vivir ya no de utopías ni de irrealidades. Somos conscientes de que nos movemos conscientemente en varios niveles.
Todo cuanto pueda ser percibido por los cinco sentidos, catalogado por la mente, discernido con entera imparcialidad y objetividad y (cuando) llegamos a comprender esta verdad, automáticamente empiezan a ser creadas o desarrolladas en nuestro cerebro y en cierto compartimiento del corazón, los vínculos que nos ponen en contacto con el mundo oculto; y esto puede ser medido ya no solamente en términos de intelectualidad sino en términos de sensibilidad. 
Es la sensibilidad que nada tiene que ver con el intelecto, lo que debe hacernos conscientes de los mundos invisibles, es decir, de aquello que está aparentemente más allá de nuestras concepciones del momento. Hemos hablado también de estas criaturas desconocidas que viven en el éter y que técnicamente son llamados ángeles, también se denominan devas. Todo este conglomerado que está cohabitando en el éter con otras sustancias desconocidas que pertenecen a otras dimensiones superiores a la cuarta, como, por ejemplo, la mente abstracta y el cuerpo búdico. 
Entonces, si al menos somos capaces de objetivar algo subjetivo, puede decirse que empieza la era de la sensibilidad humana. Muchos denominan a este camino el sendero místico, no es que realmente el sendero místico sea el sendero de la sensibilidad astral o de sensibilidad al mundo etérico en donde se supone que habitan los ángeles, sino simplemente que al hablar de sensibilidad nos referiremos siempre, por cuanto estamos tratando con temas esotéricos, de la sensibilidad profundamente espiritual, aquello que técnicamente constituye el sendero de retorno hacia nuestras fuentes divinas de procedencia.



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