por Vicente Ruben Anglada
Cuando se nos habla de meditación como un sistema de llenar
en forma inteligente estos vacíos y ser conscientes y de educir ciertas
capacidades, ciertas cualidades que tenemos todos en potencia, desarrollando
ciertas células en el cerebro y en el corazón y en este mágico equilibrio entre
el corazón y la mente (para) llegar a ser conscientes de esta cosa subjetiva y
transmitirlo objetivamente a nuestros sentidos del cerebro, entonces empieza
para nosotros un nuevo sistema de vida, empezamos a vivir ya no de utopías ni
de irrealidades. Somos conscientes de que nos movemos conscientemente en varios
niveles.
Todo cuanto
pueda ser percibido por los cinco sentidos, catalogado por la mente, discernido
con entera imparcialidad y objetividad y (cuando) llegamos a comprender esta
verdad, automáticamente empiezan a ser creadas o desarrolladas en nuestro
cerebro y en cierto compartimiento del corazón, los vínculos que nos ponen en contacto
con el mundo oculto; y esto puede ser medido ya no solamente en términos de intelectualidad
sino en términos de sensibilidad.
Es la sensibilidad que nada tiene que ver con
el intelecto, lo que debe hacernos conscientes de los mundos invisibles, es
decir, de aquello que está aparentemente más allá de nuestras concepciones del
momento. Hemos hablado también de estas criaturas desconocidas que viven en el
éter y que técnicamente son llamados ángeles, también se denominan devas. Todo
este conglomerado que está cohabitando en el éter con otras sustancias desconocidas
que pertenecen a otras dimensiones superiores a la cuarta, como, por ejemplo,
la mente abstracta y el cuerpo búdico.
Entonces, si al menos somos capaces de
objetivar algo subjetivo, puede decirse que empieza la era de la sensibilidad
humana. Muchos denominan a este camino el sendero místico, no es que realmente
el sendero místico sea el sendero de la sensibilidad astral o de sensibilidad
al mundo etérico en donde se supone que habitan los ángeles, sino simplemente
que al hablar de sensibilidad nos referiremos siempre, por cuanto estamos
tratando con temas esotéricos, de la sensibilidad profundamente espiritual,
aquello que técnicamente constituye el sendero de retorno hacia nuestras
fuentes divinas de procedencia.

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