Si no podemos escapar del destino, ¿Representa alguna ventaja ejercer prudencia en nuestras acciones?
La Naturaleza siempre puede estar confiada en su capacidad de equilibrar el Karma en la forma más misericordiosa y consistente con la Justicia. Cuando somos descuidados o imprudentes, es posible que estemos interfiriendo con el plan de la Naturaleza. De esa manera, estamos desafiando a nuestro Karma, y es posible, al hacerlo así, que nos echemos sobre nosotros mismos, un torrente de efectos que no estaba programado para que se nos vinieran encima, sino hasta más tarde en la vida. Si se lo hubiéramos permitido a la Naturaleza, ella nos pudo haber dado más tiempo, y nosotros pudimos haber estado mejor preparados para enfrentarnos a esas experiencias cuando tenían que venir. Deberíamos tomar esas precauciones como el sentido común lo establece, sabiendo que si no estamos kármicamente conectados con un suceso inminente, esas precauciones serán eficaces. Precauciones excesivas no nos salvarán de nuestro destino, y pueden, en cambio, guiarnos dentro de una situación donde ese destino puede ser satisfecho, como se demostró con los ejemplos citados.
Si nuestro descuido afecta a los demás, es posible acelerar el Karma de ellos, y forzarlos a que lo enfrenten cuando ellos no están preparados. El hecho de que hayamos dañado a los demás por nuestro descuido, nos hace kármicamente responsables del daño que pueda ocasionar el descuido de ellos. Hemos sembrado una semilla dañina, la cual, al final, tendremos que recoger.
Si en lugar de ser descuidados, nos volvemos solícitos por el bienestar de los demás, generamos una fuerza útil que nos protege, para que el Karma de ellos pueda ser equilibrado de acuerdo al plan de la Naturaleza, en lugar de ser precipitado fuera de tiempo.
Los accidentes mayores, como los choques y descarrilamientos de trenes, naufragios, aviones estrellados, incendios, inundaciones, terremotos, etc., son casos en donde grandes números de individuos son reunidos, porque ellos tienen Karma similar que pagar. Cada participante, por sus acciones anteriores, ha creado tal Karma que resultará en un accidente serio, o aún más, la pérdida de la vida. La "muesca en el tipo de imprenta" de todos esos individuos es semejante, y ese parecido psicomagnéticamente los juntará a ese lugar y a esas circunstancias, en donde sus acciones pasadas pueden ser equilibradas.La Naturaleza siempre puede estar confiada en su capacidad de equilibrar el Karma en la forma más misericordiosa y consistente con la Justicia. Cuando somos descuidados o imprudentes, es posible que estemos interfiriendo con el plan de la Naturaleza. De esa manera, estamos desafiando a nuestro Karma, y es posible, al hacerlo así, que nos echemos sobre nosotros mismos, un torrente de efectos que no estaba programado para que se nos vinieran encima, sino hasta más tarde en la vida. Si se lo hubiéramos permitido a la Naturaleza, ella nos pudo haber dado más tiempo, y nosotros pudimos haber estado mejor preparados para enfrentarnos a esas experiencias cuando tenían que venir. Deberíamos tomar esas precauciones como el sentido común lo establece, sabiendo que si no estamos kármicamente conectados con un suceso inminente, esas precauciones serán eficaces. Precauciones excesivas no nos salvarán de nuestro destino, y pueden, en cambio, guiarnos dentro de una situación donde ese destino puede ser satisfecho, como se demostró con los ejemplos citados.
Si nuestro descuido afecta a los demás, es posible acelerar el Karma de ellos, y forzarlos a que lo enfrenten cuando ellos no están preparados. El hecho de que hayamos dañado a los demás por nuestro descuido, nos hace kármicamente responsables del daño que pueda ocasionar el descuido de ellos. Hemos sembrado una semilla dañina, la cual, al final, tendremos que recoger.
Si en lugar de ser descuidados, nos volvemos solícitos por el bienestar de los demás, generamos una fuerza útil que nos protege, para que el Karma de ellos pueda ser equilibrado de acuerdo al plan de la Naturaleza, en lugar de ser precipitado fuera de tiempo.
El Karma de grupo no es, por lo tanto, diferente del Karma individual. Si los individuos implicados no habían encontrado sus destinos en un grupo, ellos lo encontrarán, más tarde o más temprano, en accidentes separados.
Epidemias que aniquilan vastos números de la población, y hambre general y grave que puede afectar grandes porciones de la raza humana, son también casos de Karma individual, soportada colectivamente.
Tanto las naciones como los individuos, tienen sus ciclos de vida. Al principio, ellos son fuertes y vigorosos, luego sigue un período de madurez, y finalmente, desintegración y desmoronamiento. Ellos también tienen sus Karmas que dependen en cómo ellos actuaron como naciones en el pasado. Si ellos han sido agresivos y por fuerza bruta subyugaron a sus vecinos más débiles, ellos, a su vez, encontrarán la misma suerte. Los Egos que formaron esa nación, encarnan juntos otra vez, tal vez en la misma nación, que después de esto, se volvió vieja y decrépita, o tal vez en otra nación, bajo un nombre nuevo. Esta nación, ahora, vendrá a ser la víctima de su vecino más fuerte, y de esa manera, recogerá lo que había sembrado en el pasado.
Cada individuo es atraído a la nación a la cual apropiadamente pertenece, ya sea por semejanza de características, o por asociación en el pasado. El Karma nacional, tanto como todos los otros grupos de Karma, está basado, al final, sobre el Karma de sus miembros individuales.
Universidad Teosófica











