Todas las cosas que vemos, proceden de una causa anterior, y
esa de otra y así hasta el Infinito.
El Infinito es llamado por unos Dios, por otros Espíritu y
por aquellos Naturaleza.
De todas maneras la unidad de la Materia y de la
Energía, se evidencian constantemente en todas las investigaciones que los
hombres a través de las edades han realizado, para hallar la Verdad de los
hechos y de las cosas.
El hombre es el resultado de la Evolución de la Materia y de
la Energía Inteligente que operando en ella y con ella, va moldeando los
elementos, para que ellos se ajusten progresivamente al mayor desarrollo de la
Consciencia Interna.
El eminente naturalista, Carlos Darwin, se dio cuenta de la
Evolución orgánica de los seres, pero le hizo falta darse cuenta de que, para
que ese maravilloso fenómeno de la
Naturaleza se verifique, es absolutamente indispensable que exista un Ser
Inteligente, un Arquitecto, que va colocando en cada zona y en cada
circunstancia los elementos que sean indispensables para la construcción de esas series sucesivas de organismos,
en los cuales la Vida se manifiesta, hasta culminar en ese perfeccionado
organismo llamado Ser Humano.
Nadie ha visto jamás, que un edificio se construya solo; es
indispensable que un Arquitecto vaya colocando en cada lugar, el material que
se requiere para su construcción; igualmente la vida vegetal, animal y la
humana, requieren la presencia subjetiva e interna del Espíritu Inteligente que
la va moldeando, para adaptarla a las necesidades peculiares de la
exteriorización o manifestación de aquel Poder Interno; así que todo el
proceso de la Evolución orgánica, vegetal, animal y humana, es una actividad
por medio de la cual el Espíritu subyacente en el interior de la Naturaleza, va
encontrando modos de exteriorizar sus ilimitados poderes.
El Espíritu y la Materia, son los dos polos de la Cosa Única
y Eterna. No existe nunca un polo de estos, sin la presencia del otro, así como
el Imán al ser dividido y subdividido, siempre presenta en cada partícula las
dos polaridades de su peculiar naturaleza, o sea la de inducción o atracción, y
la de expansión o proyección.
Entendiendo bien el anterior hecho, todos los demás de la
Naturaleza tienen para la inteligencia humana, una explicación racional,
inteligente y lógica.
De tal suerte que el proceso de la Evolución, es la
actividad por medio de la cual la Naturaleza Sustancia se ajusta
progresivamente a las necesidades del Espíritu, para que éste pueda tener
vehículos adecuados para su exteriorización o manifestación.
El hombre, que está a la cabeza de los Seres en la
superficie del planeta Tierra, exterioriza mayores capacidades que sus hermanos
menores, porque posee más Evolución.
Y aún dentro de la misma agrupación humana, vemos estados de Consciencia diversos, siendo estos estados de tal
complejidad, que no existen dos Seres exactamente iguales; cada hombre tiene
capacidades especiales, que lo diferencian de los demás, y en esa situación,
naturalmente hay un número limitado de Seres Superiores, que por un trabajo
intenso en la Evolución, han superado a sus hermanos más despreocupados.
Nadie, absolutamente, por intenso que sea, puede negar la
Evolución. Es tan objetiva la Evolución, que la vemos en el mundo orgánico, en
el vital, en el psíquico, en el mental, y mucho más en el mundo de la
Consciencia.
La Evolución orgánica, es verdaderamente extraordinaria en
su proceso: Se unen dos células, el zoospermo del varón y el óvulo de la mujer,
y de esa unión se empiezan a multiplicar las células, de 2 a 4, de 4 a 8, de 8
a 16, de 16 a 32, de 32 a 64, y así, duplicándose sucesivamente, en progresión
geométrica, hasta construir ese maravilloso organismo, qué llamamos hombre.
Desde el punto de vista vital, la Energía es más o menos
intensa en cada Ser, según el potencial magnético de origen, de tal suerte que
cuando los progenitores son sanos, y en el momento de la unión se cargan de fuerza
por intensa afectividad, la vitalidad del nuevo Ser, resultará exuberante; pero
cuando la vitalidad de los progenitores es débil y la unión no se verifica por
fuerza de afectos, sino por poder de los instintos, el nuevo Ser será débil y
enfermizo. A ello se une la Ley de Causalidad, pues cada Alma al renacer, trae
del pasado un equipo de vitalidad, según como haya utilizado su Energía en su
inmediata pasada existencia.
La Evolución del Ser Mental, está en directa relación con la
Evolución que el Alma se ha proporcionado en ese nivel, por esfuerzos
intelectuales en la pasada existencia; por ello vemos una serie incontable de
niños sin mayor importancia mental, y algunos excepcionalmente dotados,
resultando prodigios, porque en sus pasadas existencias se han ejercitado en el
cultivo de la Mente. Cada quien es el resultado de su propio esfuerzo, el que se traduce en Evolución.
El desarrollo de la afectividad o Sentido Estético, es algo
aún más escaso, porque esta zona del Alma, es realmente menos cultivada, por la
inconsciencia de la importancia que ése aspecto del Ser Psíquico tiene en
nuestras vidas; sin embargo, de vez en cuando aparece en el escenario del
mundo, un Alma de Artista; esto quiere decir que esa Alma en Evolución, ha
adaptado Energías Psíquicas para expresarse en el Sentido Estético o artístico.
La Evolución de la Consciencia es el aspecto central de todo
proceso, pues los diferentes factores que integran la personalidad humana, no
tienen otro objeto que hacer del hombre una entidad sensiente y consciente.
La Consciencia, es la flor de la Evolución humana y por lo
tanto, hacia su desenvolvimiento debe enfocarse todo el trabajo del hombre,
para acentuar su Evolución.
La Ley de Evolución se realiza en paralelo con la Ley de
Causalidad; de tal suerte que el segundo aspecto que debemos estudiar para
inteligenciar el por qué de la Evolución, es el claro conocimiento de la Ley de
Causalidad.
Lo que cada quien ha llegado a ser, es el fruto de la
Evolución en el pasado; y lo que lleguemos a conquistar en el futuro, depende
de los esfuerzos verificados en el pasado y los que hagamos en el presente.
Cada Ser Humano es el artífice de su propio destino. No existe fatalidad, ni
casualidad. Las palabras fatalidad y casualidad deben ser eliminadas completamente
del léxico en la expresión de nuestros conocimientos, porque ellas no se apoyan
más que en la ignorancia. No hay casualidad, sino Causalidad; no hay fatalismo,
sino consecuencias de actos, pensamientos y sentimientos.
El que pueda inteligenciar bien el conocimiento, claro de la
Ley de Evolución, por medio de la cual el Espíritu Interno está modelando la
materia para exteriorizar Consciencia, y se dé cuenta que todos nuestros
errores se deben a nuestra propia ignorancia en el proceso de los pensamientos,
de los sentimientos y de los actos, se encontrará en el perfecto camino que lo
conducirá progresivamente al conocimiento de la razón de ser de la vida humana
y de sus aparentes contradicciones.

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