sábado, 1 de febrero de 2014

Evolución

por Israel Rojas Romero





Todas las cosas que vemos, proceden de una causa anterior, y esa de otra y así hasta el Infinito.
El Infinito es llamado por unos Dios, por otros Espíritu y por aquellos Naturaleza.  
De todas maneras la unidad de la Materia y de la Energía, se evidencian constantemente en todas las investigaciones que los hombres a través de las edades han realizado, para hallar la Verdad de los hechos y de las cosas.
El hombre es el resultado de la Evolución de la Materia y de la Energía Inteligente que operando en ella y con ella, va moldeando los elementos, para que ellos se ajusten progresivamente al mayor desarrollo de la Consciencia Interna.
El eminente naturalista, Carlos Darwin, se dio cuenta de la Evolución orgánica de los seres, pero le hizo falta darse cuenta de que, para que ese  maravilloso fenómeno de la Naturaleza se verifique, es absolutamente indispensable que exista un Ser Inteligente, un Arquitecto, que va colocando en cada zona y en cada circunstancia los elementos que sean indispensables para la construcción de esas series sucesivas de organismos, en los cuales la Vida se manifiesta, hasta culminar en ese perfeccionado organismo llamado Ser Humano.
Nadie ha visto jamás, que un edificio se construya solo; es indispensable que un Arquitecto vaya colocando en cada lugar, el material que se requiere para su construcción; igualmente la vida vegetal, animal y la humana, requieren la presencia subjetiva e interna del Espíritu Inteligente que la va moldeando, para adaptarla a las necesidades peculiares de la exteriorización o manifestación de aquel Poder Interno; así que todo el proceso de la Evolución orgánica, vegetal, animal y humana, es una actividad por medio de la cual el Espíritu subyacente en el interior de la Naturaleza, va encontrando modos de exteriorizar sus ilimitados poderes.
El Espíritu y la Materia, son los dos polos de la Cosa Única y Eterna. No existe nunca un polo de estos, sin la presencia del otro, así como el Imán al ser dividido y subdividido, siempre presenta en cada partícula las dos polaridades de su peculiar naturaleza, o sea la de inducción o atracción, y la de expansión o proyección.
Entendiendo bien el anterior hecho, todos los demás de la Naturaleza tienen para la inteligencia humana, una explicación racional, inteligente y lógica.
De tal suerte que el proceso de la Evolución, es la actividad por medio de la cual la Naturaleza Sustancia se ajusta progresivamente a las necesidades del Espíritu, para que éste pueda tener vehículos adecuados para su exteriorización o manifestación.
El hombre, que está a la cabeza de los Seres en la superficie del planeta Tierra, exterioriza mayores capacidades que sus hermanos menores, porque posee más Evolución.
Y aún dentro de la misma agrupación humana, vemos estados de Consciencia diversos, siendo estos estados de tal complejidad, que no existen dos Seres exactamente iguales; cada hombre tiene capacidades especiales, que lo diferencian de los demás, y en esa situación, naturalmente hay un número limitado de Seres Superiores, que por un trabajo intenso en la Evolución, han superado a sus hermanos más despreocupados.
Nadie, absolutamente, por intenso que sea, puede negar la Evolución. Es tan objetiva la Evolución, que la vemos en el mundo orgánico, en el vital, en el psíquico, en el mental, y mucho más en el mundo de la Consciencia.
La Evolución orgánica, es verdaderamente extraordinaria en su proceso: Se unen dos células, el zoospermo del varón y el óvulo de la mujer, y de esa unión se empiezan a multiplicar las células, de 2 a 4, de 4 a 8, de 8 a 16, de 16 a 32, de 32 a 64, y así, duplicándose sucesivamente, en progresión geométrica, hasta construir ese maravilloso organismo, qué llamamos hombre.
Desde el punto de vista vital, la Energía es más o menos intensa en cada Ser, según el potencial magnético de origen, de tal suerte que cuando los progenitores son sanos, y en el momento de la unión se cargan de fuerza por intensa afectividad, la vitalidad del nuevo Ser, resultará exuberante; pero cuando la vitalidad de los progenitores es débil y la unión no se verifica por fuerza de afectos, sino por poder de los instintos, el nuevo Ser será débil y enfermizo. A ello se une la Ley de Causalidad, pues cada Alma al renacer, trae del pasado un equipo de vitalidad, según como haya utilizado su Energía en su inmediata pasada existencia.
La Evolución del Ser Mental, está en directa relación con la Evolución que el Alma se ha proporcionado en ese nivel, por esfuerzos intelectuales en la pasada existencia; por ello vemos una serie incontable de niños sin mayor importancia mental, y algunos excepcionalmente dotados, resultando prodigios, porque en sus pasadas existencias se han ejercitado en el cultivo de la Mente. Cada quien es el resultado de su propio esfuerzo, el que se traduce en Evolución.
El desarrollo de la afectividad o Sentido Estético, es algo aún más escaso, porque esta zona del Alma, es realmente menos cultivada, por la inconsciencia de la importancia que ése aspecto del Ser Psíquico tiene en nuestras vidas; sin embargo, de vez en cuando aparece en el escenario del mundo, un Alma de Artista; esto quiere decir que esa Alma en Evolución, ha adaptado Energías Psíquicas para expresarse en el Sentido Estético o artístico.
La Evolución de la Consciencia es el aspecto central de todo proceso, pues los diferentes factores que integran la personalidad humana, no tienen otro objeto que hacer del hombre una entidad sensiente y consciente.
La Consciencia, es la flor de la Evolución humana y por lo tanto, hacia su desenvolvimiento debe enfocarse todo el trabajo del hombre, para acentuar su Evolución.
La Ley de Evolución se realiza en paralelo con la Ley de Causalidad; de tal suerte que el segundo aspecto que debemos estudiar para inteligenciar el por qué de la Evolución, es el claro conocimiento de la Ley de Causalidad.
Lo que cada quien ha llegado a ser, es el fruto de la Evolución en el pasado; y lo que lleguemos a conquistar en el futuro, depende de los esfuerzos verificados en el pasado y los que hagamos en el presente. Cada Ser Humano es el artífice de su propio destino. No existe fatalidad, ni casualidad. Las palabras fatalidad y casualidad deben ser eliminadas completamente del léxico en la expresión de nuestros conocimientos, porque ellas no se apoyan más que en la ignorancia. No hay casualidad, sino Causalidad; no hay fatalismo, sino consecuencias de actos, pensamientos y sentimientos.
El que pueda inteligenciar bien el conocimiento, claro de la Ley de Evolución, por medio de la cual el Espíritu Interno está modelando la materia para exteriorizar Consciencia, y se dé cuenta que todos nuestros errores se deben a nuestra propia ignorancia en el proceso de los pensamientos, de los sentimientos y de los actos, se encontrará en el perfecto camino que lo conducirá progresivamente al conocimiento de la razón de ser de la vida humana y de sus aparentes contradicciones.





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