En el hinduismo y el budismo, el Principio vital que
impregna todo lo que existe o el espacio del universo que todo lo penetra.
Akasha es un término sánscrito que significa "el espacio que todo lo
penetra”
En el hinduismo, el akasha
es visto como la sustancia éter, el quinto y más sutil de los
elementos. El akasha permea todo en el
universo y es el vehículo para toda vida y para el sonido. En la práctica del yoga, el akasha es uno de
los tres principios, universales. Junto
con el prana (el aliento de vida) y la mente creativa, forma una trinidad de
fuentes de poder mágico y psíquico que son inmanentes en todo lo que existe en
el universo, desde el reino mineral hasta los reinos más complejos. Del akasha deriva la voluntad, que permite
realizar toda clase de hazañas.
En el budismo, el akasha no es éter sino espacio, del cual
existen dos clases. La primera clase es
el espacio limitado por lo material y asociado con el skandas o
"agregados” que constituyen la personalidad: forma física, sensación,
percepción, formaciones mentales y conciencia.
En la teosofía, los registros o archivos matrices de todo lo
ocurrido desde el principio del universo.
Se dice que estos registros existen como impresiones en el plano astral
y proveen una suerte de legajo, conteniendo toda clase de información que puede
ser útil para las almas que desean examinar su progreso espiritual a través de
varias vidas.
El término "akáshicos' proviene del sánscrito akasha,
definido ya sea como la sustancia etérica fundamental del universo o como el
espacio que todo lo penetra. Según la
teosofía, el akasha es un registro eterno de las vibraciones de cada acción,
pensamiento, emoción, luz y sonido.
Algunos psíquicos dicen que consultan los registros
akáshicos, ya sea usando la clarividencia o a través de viajes extracorporales,
para recibir información acerca de vidas o hechos pasados. El proceso se describe en formas variadas:
como sintonizar una transmisión de radio o como visitar una biblioteca enorme y
buscar la información en libros. Algunos
dicen que encuentran espíritus guías que los ayudan a localizar la información.
El médium estadounidense Edgar Cayce consultaba a menudo los
registros akáshicos para observar vidas pasadas y así encontrar las razones
para los problemas de salud, personales y maritales en las vidas presentes de
sus clientes. Cayce llamaba a los
registros akáshicos la "Memoria Universal de la Naturaleza' y el
"Libro de la Vida”.
En Edgar Cayce on Reincarnation, escrito por Noel Langley,
Cayce describe un aparente viaje extra corporal a los registros akáshicos para
obtener información acerca de un cliente.
Cayce dice que se sintió salir de su cuerpo y viajar por un estrecho y
recto haz de luz. A ambos lados del haz
había niebla o humo, y seres nebulosos trataban de distraerle de su
misión. Algunos le rogaban que les
ayudara, pero él se mantenía en la luz.
Mientras seguía, los seres adquirían una forma más definida y lo
molestaban menos. Eventualmente
abandonaron su intención de distraerle y parecía que lo ayudaban a seguir,
después lo ignoraron, completamente.
Finalmente llegó a una colina donde vio en un monte un gran templo. Dentro del templo había un salón grande como
una biblioteca, llena de libros acerca de las vidas de la gente. Todo lo que tenía que hacer era sacar el
libro que quería.
El filósofo Rudolf
Steiner escudriñó los registros akáshicos, a los que llamó crónicas akáshicas,
para producir sus detalladas descripciones de las perdidas civilizaciones
míticas de Atlántida y Lemuria. Según
Cayce y otros psíquicos, los registros akáshicos viajan en ondas de luz y
cualquiera puede tener acceso a ellos mediante el apropiado entrenamiento y
sintonización.


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